En las comunidades andinas de Cusco, muchas actividades cotidianas conservan conocimientos desarrollados a lo largo de generaciones. La preparación de alimentos, el trabajo agrícola, el tejido y las celebraciones tradicionales reflejan una relación profunda entre las familias, su territorio y su historia.
El turismo vivencial permite acercarse a estos conocimientos desde una perspectiva diferente. En lugar de observar únicamente un atractivo turístico, el visitante puede conocer cómo se desarrollan determinadas actividades, escuchar a sus protagonistas y participar cuando la comunidad lo propone.
Este tipo de experiencias requiere organización y respeto. Cada comunidad debe conservar la capacidad de decidir qué desea compartir, cómo desea hacerlo y bajo qué condiciones recibe a los visitantes. Así, el turismo puede convertirse en una actividad complementaria para las familias sin reemplazar ni desvirtuar sus formas de vida.